"La música comienza donde acaba el lenguaje"
Amadeus Hoffman
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jueves, 16 de diciembre de 2010

Nuestras fotos, mujeres por la intercuralidad

Conclusiones del grupo de mujeres extranjeras

Vivimos en un mundo complejo. Dos fenómenos, el aumento de la conciencia étnica y la multiculturalidad están produciendo tensiones, conflictos y violencia. Estas tensiones no sólo son causadas por las diferencias culturales, sino también por aspectos económicos, políticos e ideológicos, y tienen su proyección en todos los ámbitos de la sociedad.

De todo esto son muy conscientes las mujeres que semanalmente acuden al curso de español para personas extranjeras de la Universidad Popular de Palencia, así como otras mujeres extranjeras que han participado en el grupo, alumnas o no de otros cursos.

Cada año la realidad de este curso es diferente; quizá en la actualidad los problemas económicos que atraviesa nuestro país hayan provocado que el número de alumnas hay disminuido, por suerte pensaremos que la mayoría de ellas, compañeras de años anteriores, han encontrado trabajo, en nuestra ciudad o en algún otro lugar.

El nivel de español de la mayoría de las personas participantes es bastante bajo por lo que la realización de este trabajo no ha sido una tarea fácil.

Cómo en los otros grupos hemos comenzado hablando de racismo, y mostrando nuestra postura haciendo uso de las tarjetas de colores, en nuestro caso el rojo y el verde.

En principio, parece que sólo dos de nosotras nos considerábamos algo racistas, sin embargo después de debatir y reflexionar sobre este concepto parece que cambiamos de opinión.

Cuando preguntamos a estas personas ¿por qué creéis que no sois racistas? Algunas respuestas son las siguientes:

- “Soy una persona abierta”

- “Tengo trato bueno con la gente”

- “Todas las personas somos iguales”

Entonces hacemos otra pregunta ¿cómo definiríais a una persona racista?

- “Una persona egoísta”

- “Personas que me conocen pero no me hacen caso porque llevo hiyab”

- “a veces traemos “ideas pensadas” sobre otras personas y ya no queremos nada con esas personas”

- “Cuando una persona hacer cosas que otra no quiere, pero no en el trabajo, porque el trabajo es trabajo”

- “Hay gente que no gusta por la religión”

Estas y otras aportaciones demuestran que no todas conocemos lo que el racismo significa ni lo que implica; al final concretamos y concluimos diciendo que todas las personas somos iguales y que no hay unas por encima y otras por debajo.

Pensado esto, varias personas deciden cambiar de color.

Retomando las tarjetas, preguntamos ¿nos gusta vivir con gente de culturas diferentes a la mía?

Partimos de la base de que el concepto cultura era desconocido por la mayoría, al unísono excepto una de ellas, dicen que sí.

Aportan varios argumentos: “…para aprender, para cambiar, para hacer cosas diferentes, para conocer a más gente, para…”. Por el contrario la persona que manifiesta que no le gusta, cuenta un poco sus motivos, primero el idioma, luego la incomprensión que encuentra en la sociedad de acogida por motivos religiosos, porque la gente de su cultura no cuestiona sus costumbres ni impone otras…por ello todas sus redes sociales son gente de su país, en el fondo, tras varias experiencias, reconoce que todo esto se manifiesta en MIEDO.

Cambiando un poco la dinámica hablamos de cómo vemos a las diferentes culturas que están a nuestro alrededor.

Primero preguntamos por la sociedad española; todas ellas dicen que nos ven bien, que tenemos un carácter muy fuerte (hablamos muy alto y muy deprisa…al principio eso asusta) y que nos gusta mucho la fiesta (“los españoles solo piensan en las fiestas”). Aunque después de una larga ronda, ellas mismas reconocen que hay gente de todo tipo, y ven la sociedad española en positivo.

Cuando invertimos la pregunta ¿cómo creemos que la sociedad española nos ve a nosotras? Hay respuestas de todo tipo:

- “Siento que me ven mal, me miran mal”
- “No me hablan”

- “Parece como si me echasen la bronca”

- “A veces siento que me persiguen con la mirada, o hablan de mi, cuando entro en un lugar con el velo”

- “Creo que me ven bien, que al principio era diferente y ahora que trabajo, conozco a mucha gente ya no”

En este apartado nos resultaba interesante hacer preguntas sobre la cultura gitana.

La mayoría dicen lo siguiente:

- “La gente dice que tienen mala raza, pero no sabemos porque dicen eso”

- “Conocemos a muy poca gente, solo les vemos, porque también son diferentes por fuera”

- “A algunos extranjeros les da miedo, y si son vecinos tienen peleas, a veces””Gritan mucho”

En este aspecto, cómo conclusión aportan que no entienden que pasa con los y las gitanas en este país y que ellas tampoco pueden decir mucho más de lo que escuchan porque no tienen ningún contacto con ellas.

Hablamos también, de si consideramos que las diferencias entre nuestras culturas son tan amplias, si somas tan diferentes…nos damos cuenta de que sí existen diferencias pero que quizá en un 70/80% nos parezcamos mucho.

Puede que en España seamos muy modernos, pero al conocer a personas y familias españolas, observa que la vida en familia, la educación de los hijos e hijas, el ocio, las relaciones de amistad, las fiestas, e incluso muchos aspectos religiosos se asemejan.

Para concluir las sesiones, aún nos quedan dos tareas, por un lado escuchar el cuento “La gallina y los patitos” de Jorge Bucal y trabajar su contenido relacionado en su totalidad con el lema del programa “ nada hay verdad ni mentira todo es según el color del cristal con que se mira”.

Utilizando las palabras del autor: “Ninguno de estos personajes está equivocado, lo que sucede es que ven la realidad desde miradores distintos. El único error, casi siempre, es creer que el mirado en que estoy, es el único desde el cual se divisa la verdad”.

Por otro lado, dado que se aproximan unas fechas especiales en el calendario, todas compartimos canciones de nuestros países de origen que se utilizan en distintas celebraciones.

Nuestras sesiones de encuentro han sido muy interesantes, es un tema que interesa a las participantes, y también las preocupa, al fin y al cabo, son conscientes de los problemas y obstáculos que la suma de estos aspectos provoca en sus vidas como ciudadanas extranjeras.

Casi todas ellas están trabajando (prácticamente todas ellas son internas o trabajadoras del hogar), están intentado negociar la asistencia a el encuentro de todos los grupos el próximo viernes, aún no sabemos si será posible, en el caso de que no lo sea sus palabras serán sus testigos.

Conclusiones grupo de trabajo de mujeres payas

Comenzamos nuestro trabajo en grupo planteándonos unos interrogantes: ¿nos molesta convivir con personas de otras razas y culturas? ¿Nos consideramos racistas?

Cada mujer tiene que elegir un color de tarjeta para posicionarse ante ello: la tarjeta de color azul indica que una se reconoce tolerante hacia otras razas y culturas, mientras que la tarjeta de color rojo muestra lo contrario: el reconocimiento del racismo.

Cuestionarnos estas cosas a nivel personal nos provoca cierto malestar, no nos resulta agradable la autopercepción de lo que sentimos, y menos exhibirlo públicamente.

El resultado: veinticuatro personas eligen la tarjeta roja y seis, la tarjeta azul.

El paso siguiente es visibilizar nuestros prejuicios; nuestro punto de partida es considerar que todas, en mayor o menor medida, los tenemos, pero los intentamos ocultar o justificar.

Siempre hay una razón, siempre hay un argumento. Y ese argumento casi siempre culpabiliza a las otras personas, a las que no son como nosotras. ¿Acaso esto no demuestra nuestra intolerancia?

Y salen a la luz nuestros prejuicios, como grupo, con respecto a la población gitana y las personas inmigrantes. Y salen a la luz muchos tópicos, muchos estereotipos que manejamos sin ser conscientes, en muchas ocasiones, de ello:

“Que la cultura gitana y la población inmigrante son machistas.”

“Que por su culpa vamos a ir perdiendo nuestras raíces culturales.”

“Que no se quieren integrar en la sociedad”

“Que no nos gustaría tenerlos como vecinas o vecinos porque no saben vivir en comunidad.”

“Que no les interesa casi nada estudiar.”

Que …, que …, que …,

Todos estos resultados nos dan pie para hablar de cómo vamos configurando los prejuicios: cómo convertimos en HECHOS las OPINIONES, cómo tendemos a realizar GENERALIZACIONES muy peligrosas, sin darnos cuenta de que cuando hablamos de personas las generalizaciones no funcionan, porque CADA PERSONA TENEMOS EL VALOR DE LA DIFERENCIA.

¿A cuántas personas conoces que sean como tú, que tengan tus mismos gustos, tus mismos ojos, tu misma actitud? Llevamos a cabo un juego: cada una de nosotras buscamos en nuestro grupo a otra compañera que sea como yo. ¿La hay?

NO HAY NINGUNA MUJER IGUAL A OTRA MUJER; NINGUNA PERSONA ES IDÉNTICA A OTRA PERSONA.

¿Por qué entonces consideremos que todos los gitanos y las gitanas son iguales? ¿Por qué metemos en el mismo saco a todas las personas inmigrantes que forman parte de nuestra pequeña comunidad?

Poco a poco nos vamos dando cuenta de que nuestros esquemas de pensamiento, nuestros patrones de conducta, se tambalean. Aún así pretendemos justificarlos: “yo conozco una familia gitana que no paga la comunidad”; “en mi portal hay una casa en la que no hacen más que llegar marroquíes y preparan mucho ruido”…

Y, sin nombrarlo, abordamos el ETNOCENTRISMO. ¿Cuál es la atalaya desde donde miramos a las otras culturas? Nuestra forma de hablar vislumbra nuestra forma de pensar: “nuestra cultura es superior”; por eso siempre son las demás personas las que tienen que integrarse, las que tienen que ser como nosotras.

Pero en esta práctica de subir escalones y mirar desde arriba, se nos olvida que siempre hay alguien que está más alto que nosotras; y cuando otra gente que mira por encima de nuestro hombro aplica sobre nosotras estereotipos, prejuicios, generalizaciones…, entonces nos empezamos a sentir molestas: “¿pero de qué hablan si no nos conocen?” “¿Cómo pueden decir eso de los y las españolas?”.

Leemos un texto, bajado de la red, en el que un grupo de personas europeas hace una radiografía de España y dicen:

“Los españoles son muy maleducados, gritan siempre y discuten en vez de hablar.”

“Los españoles son muy vagos, pero me gusta la idea de la siesta, aunque no la entiendo del todo.”

“No entiendo la mayoría de las costumbres española y tampoco me interesa mucho aprenderlas.”

“Si soy joven (o quiero serlo) quiero lo siguientes de España: fiesta, Mallorca, Benidorm, Torrevieja, 10 cervezas por la mitad de lo que cuesta en Inglaterra, un montón de tripis en Ibiza viendo el amanecer desde el café del mar.”

(…)

No nos gusta cómo nos sale el retrato, así no somos todas las personas y todos los lugares de España, esta visión está llena de tópicos. Y ahora empezamos a darnos cuenta de que, con toda seguridad, nuestra manera de ver a las otras culturas, a las que en principio consideramos inferiores, es injusta.

Y estas reflexiones nos conducen a hablar de TOLERANCIA, y para entender la tolerancia tenemos que ver que la realidad tiene muchos puntos de vista, y que todos son válidos; lo dice de una manera hermosa Eduardo Galeano:

Desde el punto de vista del búho, del murciélago, del bohemio y del ladrón, el crepúsculo es la hora del desayuno.

La lluvia es una maldición para el turista y una buena noticia para el campesino.

Desde el punto de vista del nativo, el pintoresco es el turista.

Desde el punto de vista de los indios de las islas del mar Caribe, Cristóbal Colón, con su sombrero de plumas y su capa de terciopelo rojo, era un papagayo de dimensiones jamás vistas.

Desde el punto de vista del sur, el verano del norte es invierno.

Donde los hindúes ven una vaca sagrada, otros ven una gran hamburguesa.

Desde el punto de vista de Hipócrates, Galeno, Maimónides y Paracelso, existía una enfermedad llamada indigestión, pero no existía una enfermedad llamada hambre.

Desde el punto de vista de sus vecinos del pueblo de Cardona, el Toto Zaugg, que andaba con la misma ropa en verano y en invierno, era un hombre admirable:

– El Toto nunca tiene frío – decían.

Él no decía nada. Frío tenía; lo que no tenía era un abrigo.

De esta manera, vamos encontrando una posición personal y grupal más positiva y más amable respecto a la INTERCULTURALIDAD; a partir de ahora sería bueno poder hablar de diversidad cultural no como problema, sino como enriquecimiento mutuo.

Para demostrarlo llevamos a cabo un pequeño trabajo por grupos: consiste en rescatar aquellas cosas, pequeñas o grandes, que están presentes en nuestra cultura actual porque en otro lugar, otra época, otras gentes de África, de América, de Asia…nos legaron.

La lista es amplia: nuestro idioma, el arado romano, los número romanos, los números arábigos, las especias, la seda, el sistema de alcantarillado, la democracia, la tinta, la patata, el café, el cacao, la banca, el kebab, …

Vamos tomando consciencia de que los elementos que conforman una cultura no surgen de la nada, sino que son el resultado de un proceso constructivo permanente y global, que se asienta sobre las bases anteriores para mejorarlas.

Como ejemplo, la Lengua; nuestro idioma es el resultado de años y años de historia y de historia, de pueblos y gentes de muy distinta procedencia, de conquistas y convivencias forzosas, de préstamos de otras lenguas según la moda o la necesidad de poner nombre a nuevas cosas…

“…Y no caigamos en el error de pensar que la Historia ha terminado. Continúa. Como en el pasado, hoy siguen llegando a nuestro país personas de África, de América, de Europa y de otros lugares, y como en el pasado, también algunos de ellos se quedarán con nosotros y nos dejarán cosas (entre ellas, seguro que alguna palabra) y ellos y sus cosas, como en el pasado, dejarán de ser «ellos» y «sus cosas» para pasar a ser «nosotros» y «nuestras cosas».”

(Texto obtenido del proyecto “La maleta intercultural”. Unidad didáctica: “También las lenguas nos unen”).

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Conclusiones Aula de Minorías Étnicas

En la sesión anterior explicamos el proyecto: empezaríamos a realizar una serie de actividades interculturales que luego se plasmarían en un blog. “¿un blog?” “¿qué es eso?”; y que veríamos en un encuentro el día 17 junto al resto de personas participantes.

De este modo, en la siguiente sesión encontramos encima de la mesa dos montones de tarjetas: unas de color rojo y otras de color blanco.

¿Somos o no somos racistas? Quienes crean que sí elegirán la tarjeta roja, las que no, la blanca.

“claro que somos racistas”. “que no, que no, que yo no lo soy”, “yo sí, lo reconozco”… y así vamos escogiendo cada una. ¿Resultado? Casi mitad y mitad. Habrá que ver a lo largo de los días si cambiamos la tarjeta o no…

Pero antes de nada comenzamos a realizar la siguiente actividad, en la que tenemos que reflexionar un poco sobre los conceptos más utilizados a la hora de hablar de interculturalidad. Para ello nos dividimos en pequeños grupos y damos otro nuevo montón de tarjetas. En cada una de ellas aparece escrita una palabra que intentaremos definir y que colocaremos en la categoría: “favorece el conflicto” o en la categoría “favorece la solución”: Minoría, inmigración, abuso, respeto, inferioridad… Cuando hemos acabado lo ponemos el común creando un pequeño diccionario con nuestra propias palabras.

“los inmigrantes son los que vienen de fuera” “¿entonces la inmigración es buena o mala?” “¿Por qué la gente decide abandonar su país?” “yo también me iría para que mis hijos vivan mejor”

“¿Qué es una minoría?” ”nosotras…” “si fuéramos más todo sería distinto”

“los Derechos Humanos tampoco se cumplen en España” “¿un trabajo digno? En el momento en el que te ven cuando te han llamado para una entrevista, te rechazan”.

“no debería haber pobres y ricos, todos igual”.

“igualdad es… eso, que todos somos iguales”… “iguales en derechos y en obligaciones”.

“sigue habiendo mucho racismo hacia nosotras” “nos miran mal” “¡pero nosotras también somos racistas” “…es verdad…”. “y con los nuestros también”.

Durante las siguientes sesiones les repartimos varios cuestionarios sobre los prejuicios y los estereotipos que tenemos sobre los payos y los inmigrantes. Sobre nuestra visión no reflexionada de ellos. Sobre cómo damos por hecho comportamientos de los demás cuando ni siquiera los conocemos.

“¿casarme yo con un gitano-rumano? Ni loca”

“Yo no iría nunca a comprar en la tienda de un árabe. Ay no que vete a saber de dónde sacan la comida”

“Los inmigrantes vienen a quitarnos el trabajo”

“nos quitan nuestros derechos”

“los árabes son unos machistas, y van con muchas mujeres”

“nos meten en el mismo saco que a los gitanos rumanos, por su culpa la gente cree que somos unos ladrones”

“sólo vienen a España a robar”

Las reflexiones que van haciendo son muy variadas, y suelen ser diferentes según la edad y el tiempo que hayan estado escolarizadas. De este modo, las más jóvenes y las que han ido más a la escuela suelen tener una mente más abierta y reflexionada.

En el momento de hablar de los payos van apareciendo pinceladas de prácticas de su vida que les gustaría cambiar: el divorcio, las tareas compartidas, las relaciones con la familia o la libertad.

Sin duda es el de los payos y el de los andaluces el colectivo que sale más favorecido en las encuestas. En el caso de este segundo se hace mucho hincapié en el arte de las gentes de Andalucía y en cómo allí da igual si eres payo gitano, te miran y tratan bien. En contraposición, sin lugar a dudas el colectivo más desfavorecido es el de los gitanos rumanos a los que se ve despectivamente.

Con el resto de colectivos van apareciendo los distintos estereotipos y prejuicios e incluso algunas frases xenófobas:

“los catalanes son unos peseteros”.

“los chinos no pagan el alquiler”, “nos quitan el pan, ya no vendemos en el mercado”.

“los pisos de los negros están llenos de gente”

“Les pagan la hora a mucho menos y luego no nos cogen a nosotras”

“deberían echarlos a todos, cada uno a su país”

“los gitanos rumanos vienen a robar”

Curiosamente las respuestas cambian en la pregunta: “te gustaría que tu hijo fuera amigo de…”. La realidad se impone y muchas madres comentan que sus hijos tienen amigos de diferentes nacionalidades. “son muy majos”, “tiene amigos negros”, “mi hija tiene una amiga rusa”. “¿Os gustaría que vuestros hijos se casaran con alguno de ellos?”.

Los argumentos son variopintas y dependen de si el vástago es varón o mujer. Una de las alumnas zanja la cuestión: “si está enamorada y es feliz así yo estoy de acuerdo”.

Generalizamos, hemos metido a todos en el mismo saco. Ideas y opiniones acaban siendo hechos categóricos inamovibles. ¿Somos todos los gitanos iguales? ¿Se comportan todos los payos de la misma manera?



SOMOS IGUALES, SOMOS DIFERENTES

En las actividades propuestas para las siguientes sesiones nos damos cuenta de que no todos somos iguales, de que aunque pertenezcamos a un mismo colectivo y se nos “englobe” como si todos actuamos, pensamos y nos comportamos de la misma manera, no todos somos iguales.

¿Hablamos en tono bajo o solemos levantar la voz? ¿Miramos a los ojos cuando hablamos con alguien? ¿Nos gusta que nos miren a nosotros cuando contamos algo? ¿Mantenemos contacto físico cuando hablamos con alguien? ¿Utilizamos palabras cariñosas al hablar? ¿Se nos nota cuando estamos enfadados? ¿Si damos la mano a alguien apretamos en señal de afecto? ¿Damos dos besos al saludarnos? ¿Si nos ofrecen algo decimos que no?

Al comentar las diferentes costumbres que se dan en otros países salta la sorpresa y la curiosidad.

Los europeos creen que los españoles levantamos mucho la voz y armamos jaleo.

En Japón y Corea es de mala educación mirar a los ojos de alguien y por eso evitan el contacto visual.

Los árabes, a menudo, muestran afecto tocando a las personas, y es frecuente ver a personas del mismo sexo cogidas de la mano. En Europa sería considerado como homosexual.

En Sudamérica se suelen utilizar palabras cariñosas al hablar para suavizar el lenguaje.

En los países árabes es de mala educación apretar la mano cuando nos saludan y lo consideran un acto agresivo.

En otros países nunca se saludan dándose besos

En algunas culturas asiáticas es de mala educación decir No…

Somos iguales… somos diferentes… y tenemos más cosas en común con personas de otras culturas de lo que creíamos.

Toda la gente como nosotros es nosotros, y cada una es ella.
Rudyard Kipling

¿Pero y qué pasa con nuestras costumbres? ¿son diferentes a las de los payos? ¿y la de inmigrantes? Las bodas gitanas, el luto, el respeto a los mayores. Cada cultura tiene sus costumbres, si no las conocemos nos resultan extrañas, diferentes, raras, incluso peligrosas. Si las conocemos las podemos comprender, aceptar, e incluso pueden gustarnos.

Somos Diferentes… somos iguales… somos únicos… somos Seres Humanos.